Quiero ser muy breve, porque no estoy orgulloso de tener que acudir a ella. Me alejé (o me alejó) para aprender, crecer como persona y profesional. Para hacerme un hombre, dirían mi mamá y mi abuela.
Después de tener riñas por su forma de vivir y actuar, y a pesar de mamarla desde chico con mi tío en el Carranza, aprendí a quererla en la distancia. Estudié lejos de su marea, su risa y su gracia. Dejé de sentir su brisa, su carnaval y mi casa. Desde entonces me he intentado alejar de ella y quererla, pero en la distancia.
Ahora, con un océano que nos divide y un futuro que nos aleja, me doy cuenta de que desde que me fui cuando era un niñato, trabajo por regresar a su vera.
El caso es que hoy, estando en Estados Unidos, aprendiendo periodismo como nunca imaginé y a la que diariamente doy las gracias por haberme otorgado esta oportunidad, me he dado cuenta de que te echo de menos cuando siempre te sentí de más.
He recordado a Cádiz, la de todos, porque esta noche recurrí a su carnaval. Como en todos lados aquí también hay momentos duros y hoy ha sido el más incómodo desde que llegué.
Gracias a los enlaces que me sirve mi amigo Mojón, Los Falsos me arrancaron una sonrisa e hicieron escribir esto y, de paso, me acorde de también su primo y mi amigo Ale. Que me perdone Luis, pero hoy no estaba para las lágrimas de Aragón.
Desde que me levanté todo fueron reveses que estaban preparados a traición. Espero que todo se solucione pronto pero ya nunca me olvidaré, que cuando me sienta triste a Cádiz recordaré.
Obviamente no estoy en un gran momento. Espero que todo se pase y vuelva la normalidad. Aunque me voy a preparar por si no aventa la tormenta, pues de aquí me voy cuando este preparado para marcharme y no será ahora.
Hasta en el paraíso había días malos. Me imagino.

