La semana que se cerró ayer quisiera saber cómo puedo guardarla en un tarrito. De esos de cristal, dignos de las clases de ciencias de alguna película americana. Con un cierre de corcho, emulando al de los grandes reservas y con una pegatina blanca en la que se leyera "Periodismo", escrito con tinta de un rotulador permanente negro.
La historia que escribí el pasado 7 de abril, cumplió hasta su consecuencia final, lo que llaman el "feedback". Me entrevisté con Moisés Barrientos, preso en la cárcel del condado de Wake. Allí, me expicó que el no pudo llamar a la policía a pesar de haber visto un crimen a sangre fría. El miedo a las amenazas de los propios asesinos le mantuvo preso, a pesar de ser inocente, durante 18 meses.
Por fin, y tras publicar nuestra historia en el periódico, Barrientos quedó libre. Su carta de agradecimiento es ahora mi primer motivo como periodista.
Seguidamente recibí un mensaje al celular con palabras de agradecimiento de una luchadora admirable. Una mamá que a pesar de sufrir un maligno tumor cerebral tiene fuerzas para darme las gracias por contar su historia y tratar de ayudar a que los padres reciban una visa humanitaria para visitarla. "No le tengo miedo a la muerte, joven", me repetía. Y con eso me quedaré de ella.
Victoria Huerta, una chica de 17 años, apareció después de 11 días secuestrada por su ex novio, un mal nacido. Según me cuenta la madre, la policía encontró a su hija gracias a que una señora oyó en las noticias matinales de Qué Pasa el caso. De repente comprendí que levantarse a las 7.30 de la mañana para contar mis breves policiales en la radio tiene más sentido del que creía.
Aquí les dejo mis historias. El bruto, sin el mágico pincel corrector de mis editores. Así, si ven un fallo grítenlo. Si algo os llega a conmover o gustar, es para ustedes. Por si están aburridos y quieren ver mi estilo de tinta roja, nunca amarilla. Aquí.